Cuando uno quiere lo mejor para sus hijos no debe escatimar en gastos, por este motivo, lo ideal es que se haga de acuerdo a las necesidades que tenga cada pequeño. Una de estas debería ser los idiomas. En este caso, lo que se debe buscar es que su acercamiento se de desde pequeño y sobretodo con mucho apoyo familiar. Sin embargo, muchas veces el factor económico entra a tallar en esta problemática. Es decir, la cantidad de dinero que se dispone no es la suficiente para poder matricular a los más pequeños en algún instituto de idiomas. O mejor dicho, en alguno de los cursos especiales que se pueden dictar cuando estos son pequeños. En sí, hay un gran número que se pueden distribuir de acuerdo a la edad, al nivel y al precio. Es más, algunos institutos prevalecen estos tres aspectos al momento de aceptar a los estudiantes. El problema que se genera con este hecho es que muchos padres de familia no cuentan con el dinero suficiente para poder cancelar estos servicios. Este fue el caso de mi primo. Su pequeño hijo tiene actualmente tres años y su deseo era que aprendiera algún idioma extranjero aparte del español. No quería que se cometiera con él, el mismo error que siempre se produce con casi todas las personas que estudian alguna lengua foránea. O sea, aprender esta a partir de los seis años en la escuela, y a partir de los trece o catorce en los institutos. Por eso, quería matricular a su pequeño Manuel en uno de estos centros de idiomas especializados en la enseñanza a niños menores de cinco años. El objetivo que buscaba, era que su hijo pudiera manejar conceptos y nociones elementales del inglés. Quería que fuera bilingüe. Es más, su deseo era que esta herramienta de aprendizaje le sirviera en un futuro para su vida personal, laboral y académica. No obstante, cuando fue a averiguar sobre el precio que iba a costar este curso, se dio con la ingrata sorpresa que no podía pagarlo. El precio a pagar era algo elevado para sus posibilidades, aunque eso sí, según muchas referencias, era justo abonarlo. En sí, la calidad del material didáctico (libros, cd´s, dvd´s, Internet), el nivel de los profesores, la estructura curricular y la infraestructura del local, eran los motivos principales para que el costo del curso sea tan alto. Cabe señalar, que la cantidad de dinero establecida por el instituto está dentro de la media de todos los demás centros de idiomas que se especializan en esta enseñanza. Por este motivo, según lo que me contaba Juan José, mi primo, juntará la cifra que cuesta el curso para así poder inscribir al pequeño Manuel. No quiere que su hijo sea un alumno más al momento de manejar los idiomas. Quiere que su primogénito domine la lengua inglesa de manera fluida y efectiva. Que pueda charlar de cualquier tema de manera sencilla y amena. En sí, quiere que Manuel logre todo lo que él no pudo hacer. Según la esposa de Juan José, su afición desde pequeño siempre fueron los idiomas, sin embargo, su papá nunca lo apoyo en el desarrollo de ésta. Por esta razón, es que muestra tanto interés en que Manuel pueda desenvolverse de la mejor manera en este campo. Los días van transcurriendo y mi primo no pierde las esperanzas de conseguir el dinero que le falta para poder matricular a mi sobrino. Lo único que se puede hacer es esperar a que esto suceda, para que su sueño pueda cumplirse, y sobretodo, que el aprendizaje de Manuel pueda verse desarrollado al máximo con esta nueva herramienta de estudio. Herramienta que mejorará de manera considerable su habilidad escrita, lectora, intercultural y de pronunciación. En resumen, el nivel del inglés que alcanzará le servirá de base para los futuros cursos que vaya a llevar. Es decir, las clases que llevará cuando sea adolescente, joven y adulto.