Seguramente usted al querer matricularse en algún instituto o escuela de idiomas, ha revisado alguna esquela del mismo y ha visto toda la información con respecto al idioma en sí, pero sobre todo debe de haber observado que en tales esquelas es bastante promisorio el hecho de incluir el factor cultural dentro de la enseñanza de dicha lengua.

Esto es un factor general en cualquiera de los centros de enseñanza de idiomas ya que enseñar la lengua de un país, es también enseñar parte de su cultura. Sin embargo, si bien la lengua y la cultura están unidas íntimamente, en la práctica es decir dentro del salón de clase, esta fusión no se ve. Lo que se da es un número de horas de gramática y un número de horas de cultura, o sea el aprendizaje de la lengua y el aprendizaje de la cultura del país en cuestión, están distribuidos de manera que ambos no se encuentren o fusionen y que el estudiante no halle la conexión debida y por ende la rápida mejora del idioma.

Sin embargo, no solo existe una escisión entre lengua y cultura, sino que la primera queda usualmente relegada a la segunda. Es usual encontrar, en estas esquelas, frases como “…No sólo se dan clases del idioma, sino también de la cultura relacionada con el país…” o “…Los profesores sólo deben de impartir clases de gramática, sino también la cultura de esa lengua…”

Pues bien, observar a la lengua en una categoría distinta a la de la cultura es no caer en la cuenta que ambas se sustentan, es decir se requieren una de la otra y no se pueden entender por separad (están asociadas). Por ejemplo, si una persona busca saber un idioma determinado, lo que está buscando es poder comunicarse a través de él, es decir que frente a momentos o situaciones reales, esta persona sepa responder con naturalidad y con el conocimiento propio de la cultura de ese país. Por ejemplo, si una persona que no habla español quiere aprender a saludar por la mañana, tarde o noche, no bastará con que aprenda a decir: “Buenos días”, “buenas tardes” y “buenas noches”; ya que estos saludos no se dan en todos los contextos coloquiales. Sin embargo, sería mucho más indicado que además de los anteriores, el aprendiz maneje saludos como “¡Hola, qué tal!” o ¡Qué haciendo! Es decir, además del idioma estándar deberá aprender lo propio (o cultural) de cada país.

Esta competencia lingüística hace que el estudiante maneje usos, costumbres, historia, geografías, entre otras, es decir lo que llamamos comúnmente, la cultura misma del país. La cultura es la información que atañe intrínsecamente a la lengua que se esta buscando aprender.

En consecuencia, la reivindicación de la adquisición de un lenguaje (es decir, el campo comunicativo), implica que el aspecto cultural sea revalorado. Así, una enseñanza de un idioma que tenga como objetivo de capacitar al aprendiz para ser competente lingüísticamente o comunicativamente, deberá darle un papel esencial al componente de la cultura, puesto que tal es indispensable, en mejores términos, indisociable de la competencia comunicativa.