Thu 4 Oct 2007
Cuando cualquier persona aprende un idioma siempre tiene cierto temor si es que el paso que está dando va a resultar. Es decir, si verá progresos significativos después de un tiempo prudencial. Por esta razón, es que muchas personas no se llegan a matricular en un centro de idiomas. Sea el idioma que escojan, lo que más les preocupa es que puedan comenzar a estudiar el idioma de su elección y a los pocos meses tener que dejarlo debido a que no entiendan lo que se les enseña. Esta es en sí, una de las razones que frenan a los estudiantes a cursar algún curso de inglés, francés o alemán. Para evitar esta situación, muchos institutos han implementado una serie de métodos y técnicas modernas que tratan de primar por encima de todo, el factor cultural y emocional. Estos dos aspectos son los que ahora se valoran más cuando se trata de aprender una nueva lengua. Esto tampoco quiere decir que se deje de lado los aspectos gramaticales y orales del idioma que se piense estudiar. Es más, la modernidad también ha alcanzado esos campos. Sin embargo, ese ya es otro tema. Lo que quiero tratar de decir es que al estudiar una lengua no solo se debe analizar el factor meramente estructural sino que también todos los factores que le rodean. No es simplemente aprender un idioma y hablarlo como si uno fuera una especie de androide. Lo idóneo en este caso es que se pueda aprender una lengua y poder emplearla con criterio. Es decir, que uno pueda entablar cualquier conversación teniendo siempre en cuenta el contexto y la mentalidad de la persona con la que se está hablando. Vital resulta saber hoy en día los hechos que suceden en el país o en los países en donde se emplea la lengua que uno está estudiando. En resumen, lo que se busca es que los estudiantes cuando concluyan sus estudios puedan razonar y analizar cualquier aspecto de la lengua que han aprendido sin ningún tipo de complicación. Una de las herramientas que tienen los docentes para lograr este cometido es el aprendizaje de índole comunitario o cooperativo. Este aprendizaje es una arma vital con la que cuentan los profesores para poder desenvolverse con mucha mayor soltura al momento en que imparten sus clases. Al utilizar esta herramienta, se puede organizar un efectivo plan de estudios que se basa en el apoyo de todos los estudiantes de la clase. En sí, la clase es la que tiene el papel preponderante en este aprendizaje. Por eso, en este caso, los alumnos son lo que juegan un papel decisivo para que este aprendizaje fluya. No obstante, también depende mucho de la destreza que tenga el profesor para saber llevar por buen camino todo lo que se puede aprender. La cooperación en la que se basa este método aparece cuando los estudiantes de mayor nivel ayudan a los que tienen algún tipo de dificultad en su estudio. Entre los principales beneficios que se pueden lograr si es que se pone en practica esta técnica tenemos que los alumnos se interesarán más por el curso. Su participación será más activa y siempre estará presente el contacto del grupo cuando suceda algún tipo de inconveniente en el aprendizaje. Además, los estudiantes estará más satisfechos con su progreso ya que este no será solo individual sino también grupal. Finalmente, puede llegar a decirse que este aprendizaje también fomenta otros aspectos tales como el conocimiento independiente de los alumnos o el desarrollo de las habilidades de razonamiento crítico que puedan tener estos. Todos estos beneficios permiten que los estudiantes que lleven una clase bajo la perspectiva del aprendizaje comunitario o cooperativo, puedan integrarse con suma facilidad a nuevos grupos de amistades. Por último, y para muchos es el principal logro que este aprendizaje brinda, sirve como base para que los alumnos puedan desenvolverse con mucha mayor decisión ante lo que la vida les depara. Es decir, los prepara para el mundo globalizado en el que vivimos, desarrollando sus habilidades de liderazgo.