Wed 15 Aug 2007
El portugués es una lengua que adquirió el país de Brasil como producto de su conquista por el lejano país europeo de Portugal. En la actualidad, ambas naciones tienen un portugués bastante distinto, lo que no quita que personas de ambos países puedan comunicarse bastante bien.
Sin embargo, el portugués que la mayoría de hispanos desea aprender es el portugués que se habla en el país brasilero, tal vez por la cercanía con tal país, tal vez sea por lo llamativa de su cultura, o porque el país es bastante turístico, lo cierto es que aprender portugués te hace pensar que estarás más en contacto con la gente y su cultura (vale decir samba, playas, etc.)
Hace un par de años, cuando empecé a interesarme por este idioma, comencé a buscar algunas instituciones que me podrían dar las mejores opciones sobre el curso. En el trayecto, me encontré con varias (resultaba que en mi país era bastante común el aprendizaje de este idioma y yo recién me enteraba). Finalmente, me convencí por una que no tenía la ‘fama’ de ser la mejor pero que por su método de aprendizaje (que revise exhaustivamente) y su ubicación segura, me decidí por escogerla.
En mi primera clase, yo estaba muy a la expectativa de mi profesor, ya que tenía la idea de que este sería un moreno alto y bastante alegrón y que con clases de samba me iría enseñando la lengua portuguesa. Sin embargo, apareció una mujer blanca, muy flaquita y de estatura pequeña que dijo ser la profesora. Para aumentar lo desconcertante de la situación se llamaba Rosana (ni siquiera Malú, Fabiana o cualquier nombre de artista de telenovela) y además, tenía el carácter tan parco que me recordaba a un irlandés que conocí durante el verano.
Aunque las clases no fueron al ritmo de samba, Rosana me enseñó con bastante eficiencia las reglas gramaticales de esta lengua, cada una de las diferencias entre el portugués y el español (que ella manejaba bastante bien) y un sutaqui (o acento carioca) que yo anhelaba tener.
Rosana me dio clases de portugués por dos meses y al tercer mes me cambiaron de profesor. Con las mismas expectativas del primer día de clase, esperé a mi nuevo profesor (esta vez me habían dicho que iba a ser un hombre). Sin embargo, nada de lo que había supuesto físicamente tuvo lugar en el salón. Mauricio era un tipo delgado, con lentes, de regular estatura y además rubio.
Yo entendí, casi al mismo tiempo que en verdad, tenía una concepción errada del fenotipo típico brasilero, que era una concepción producto de todas las novelas que había visto desde muy niña y de la propaganda comercial con la que cuenta este país hacia el exterior. Si bien, pude aprender de ambos profesores los aspectos culturales de la lengua, nunca vi a personas entusiastas bailando samba, vistiéndose con colores bastante llamativos y muy alegres. Y cuando le pregunté a Rosana (de quien me hice muy amiga ya después de las clases del idioma) cómo se imaginaba que eran los peruanos, ella sonrió y entre descripciones que tenían que ver con mascaipachas y ritmos incas, yo entendí que ambas teníamos la misma visión propagandística del otro.
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