Tue 21 Aug 2007
Cuando se analiza la primera edición de la gramática castellana realizada por Antonio de Nebrija en el año de 1492, podemos decir que aquí se establece y a la vez se da inicio al segundo gran período de estructuración del castellano moderno. En esta era se da un cambio que posteriormente será determinante para el español. Aquí, se modifican las consonantes, hecho que conlleva a alterar y a fortalecer de forma definitiva la estructura fonológica del idioma español. Por ejemplo, en la letra h se produce un cambio importante ya que se deja de lado su aspiración. Gracias a esta modificación se mejoró considerablemente la versificación. Asimismo, se fusionan en un solo sonido tanto la s sonora como la s sorda. Las letras c y z a partir de ese momento formaran parte del fonema fricativo. De otro lado, los cambios fonéticos tanto de las letras x, g, j, se guiaron también bajo la premisa de que prevalezca el sonido velar. Aunque aquí ya se le agrega el hecho que sea fricativo sordo. De otro lado, se dejo de lado la distinción que podía existir entre las letras b y v. En el tema morfológico, también se produjeron muchos cambios. Algunos de estos, fueron que en el aspecto de los verbos, estos vieron como surgieron los tiempos compuestos, siendo un claro ejemplo de este hecho la conversión del verbo haber en auxiliar. Además, también cabe mencionar que en lo sintáctico, se vuelve más severa la posición que deben ocupar las partes de la oración. Por otra parte, esta serie de cambios también llegó a alcanzar al léxico. Este tomó muchos neologismos. Este hecho se produjo debido al incesante vínculo cultural que tenía Castilla en esa época debido a la expansión que llevaba a cabo por esos años. Se afianzó como la lengua principal y dominante en comparación con otros dialectos. Este hecho se dio tras la fusión política entre los reinos de Aragón y Castilla. Por este motivo, es que el castellano fue usado como la lengua para realizar toda la documentación legal de España, así como todo lo referente a los asuntos de índole exterior. A comienzos del 1600, se empleó el nombre de lengua española para uso en el país y en sus colonias. Por eso, a partir de ese tiempo los intelectuales dedicaron gran parte de su tiempo a estudiarla, estructurarla y difundirla. Esto último lo demuestran las ediciones de obras tales como la Minerva del autor Francisco de las Brozas, o el Diccionario de Alcalá hecho por la Universidad Complutense. Asimismo, en país como Francia o Inglaterra se publicaban diccionarios que tenían como finalidad conocer y aprender cada vez más del idioma español. Este hecho se vio reforzado debido a que el español fue considerado hasta la mitad del siglo dieciocho como la lengua de uso diplomático. Cabe mencionar que es precisamente aquí, en esta época, cuando aparecen los más grandes genios de la lengua española. Esta generación literaria se enmarca dentro los limites de una era conocida como el siglo de oro. Por esos años, el vocabulario sufrió una gran cantidad de cambios debido a que se añadían términos que provenían de otras lenguas que se relacionaban con el gobierno español. Un ejemplo de esto es que ingresan al español del italiano ciertos términos como soneto, silva y métrica, así como vocablos relacionados al arte. Algunos de estos eran fachada, piano, alerta, estropear, centinela. De la región de Galicia se toman palabras como jardín, sargento y jaula. Los vocablos que, a partir del siglo dieciséis, provenían de las colonias de América eran tales como cóndor, pampa, papa y vicuña. Del arawak devienen palabras como sabana, cacique, caníbal y maíz. Finalmente, del náhuatl se tomaron un grupo de palabras como chocolate, cacao y aguacate.
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